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Vómito verbal puro.

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Yo no sé que es lo que me pasa, por qué me cuesta hablarle a la gente de lo que siento, compartirle lo que me gusta, abrirme al debate de opiniones. No sé si es miedo o arrogancia. Desde siempre me ha gustado escribir haciendo metáforas absurdas que después de días o años ya no entiendo, seguro cuando la gente lo lee no lo entiende o es tan ajeno que deja de importarle, y yo en mi afán por hablar y desentenderme de la gente y de mi misma; escribo cuentos embarañados, twitteo sobre cajas de calabaza y zanahoria o simplemente me ahogo con el silencio.  Estoy enojada, estoy triste ¡no lo sé! No sé que me pasa. Me acuesto y no salgo de la cama, mis pies están dormidos, no me responden y se hacen débiles. No quiero hablar conmigo misma porque cuando lo hago me volteó la cara y me pongo a mirar memes. No quiero desahogarme cuando estoy sola porque tal vez quiero que alguien me dé un abrazo y me diga que me entiende aunque en el fondo todo le parezca la más grande tontería.  ...

Perdida Parcial.

Pasa, la puerta ha estado abierta por siglos. Toma asiento: en el sofá, en la cama. El dónde ya es irrelevante, pues tienes residencia asegurada en mis recuerdos. ¿Gustas algo? ¿Café, té? ¡Vaya! Un té quieres, me he dado cuenta de ello y aún así te ofrezco dos espejos al costado de mis narices, ¿por qué no? A lo mejor yo un té quiero. Adelante pues, el camino es tuyo, es mio y es nuestro en un universo paralelo donde el nosotros es más que intentos de poesía, en que dejas de ser martirio o espejismo de la lejanía. Soy constante apostadora de esta querella, puesto que ya no hay nada que perder, nada más y nada menos porque todo lo perdí contigo. Si he dejado ir otra cosa, yo ya no lo recuerdo, porque mi razón se hizo prófuga contigo. Dejaste aquí en serena y plena calma una esperanza que se repite constantemente -¡Pirómano de las estrellas!- en un mundo en que te atrapo y te desvances, un lugar que has vuelto contestadora de la realidad, cuando te llamo y me respondes en otra lí...

Who cares!

Siento algo dentro en mi pecho y no sé qué es. Tú estás allá, escondido, en la caja. La caja que pesa casi 5 kilos kilos. Caja, kilos, todo va junto, diurex. Vas dentro, nadando, te azotan. Te caes, te limpian. Yo dudo. Dudo en la puerta de mi casa. Dudo al marcar el número. dudo, dudas siempre. Pienso, pienso. No hay respuesta lógica. Recurro a las señales que se bañan de coincidencia. Ahí está, en mi mano la respuesta. Ya es hora, me dice el tiempo. Me marca cuatro números. Yo digo que hay doce razones, la primera es la que tú dices, las otras dos son las que te contesto, Doce, doce, siempre doce. Hay 27 formas, 27, ¿por qué 27? Doce y 27, no sé por qué no escribo tu número. en la palma de mi mano aparece la respuesta. La respuesta era el momento. De entre tantas horas, Tantas combinaciones posibles. Todo e inverosímil, pido una señal y aparece Pero no sé si la señal es lo que quieres. Ahora ya vas dentro, te ahogas, esperas a recibirte. El viernes po...

Confesiones de media noche (tu media noche)

A veces creo que me reflexiono mucho las cosas y que lo que digo son desvarío. Me parece que es debido a ello que me gusta leer, porque ahí me encuentro con que, viejos cincuentones -muertos ya-, piensan lo mismo que yo. Que Mario le puso palabras en la boca a Martín, pero no cualquier palabra, pura palabra sabía. Mario sabía que la distancia, la que más pesaba era la del tiempo, porque a esa ya no se le puede hacer nada, o termina o aumenta: no hay más.  Es gracioso, porque yo no venía a decirte eso, pero siempre todo se me desborda cuando hablo o pienso que hablo contigo. En fin, venía a decirte que a penas van tres semanas y yo ya estoy pensando en echarme con un sólo pie cuando pase el metro. No sé qué me pasa, si es toda mi familia y amigos que me miran y me compadecen, que me dicen en alto: "no lo puedo creer, que buena onda: te admiro mucho" pero en silencio se ríen y me compadecen, diciendo: "esta no aguanta ni las tres semanas."  Es difícil, ¿no? ...

Revuelta post nivola

No sé que me pasa, he estado leyendo por más de 30 minutos y creo sólo rozar las letras sin comprender el signo. Me está pasando por la cabeza un millar de ideas en fila, y aunque esto solía sucederme antes, hoy no me deja concentrarme o dejarlas en segundo plano. Parece que su marcha es tumultuosa y fuerte, ¿es acaso que se preparan para la guerra? De ser así, ¿la guerra es contra mí o contra lo que se resiste a entrar desde esa página que leo?  ¿A caso mis ideas, las que tengo dentro se han vuelto en contra de que existan más? ¿de recibir conocimiento? ¿Por qué no puedo concentrarme? No sé si es por este piano horrible acompañado de olas que no me deja concentrarme aún cuando esa es su finalidad. Estoy apunto de explotar aquí adentro y dejar a mi cuerpo como una funda sin sostén, porque me arde desde la planta de los pies hasta las orejas está impotencia de no poder más cuando quiero hacerlo.  Quisiera matar a todos esos que se creen con derecho de perturbar a los dem...

Reverberación.

Hay días en que el momento se siente aprovechado, el presente fluye y el pasado sólo regresa como recuerdo amable de lo que se ha hecho. Son esos días los que llenan de sentido el alma y dan luz verde a proyectos que, otros días, simplemente escondemos para evitar creer que pueden ser reales. De esos días no hay muchos en el año, al menos para mí, porque el desdén me ataca, la decidía me amarra y la cobardía me entierra. Esto de pensármelo tanto dejo de ser una medida de seguridad a una táctica de encierro. Lo peor de estos días es cuando la gente me visita con aires de muy experimentados y me recuerdan lo gris que ha sido mi tiempo, y se regodean de los colores antes de ayudar a pintar un cuadro.

Las luces ámbar me visitan.

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No es común que yo despierte temprano, y en realidad no es que lo haya hecho. A veces tengo el sueño tan pesado que, sueño tres o cuatro veces con despertarme para ver si así me responden las piernas. Cuando era pequeña, y mis padres no debían recurrir a alarmas porque, mis deseos de ver y caminar eran tan grandes que mi cama no los detenía, las luces ámbar eran el espectáculo que me hacía sentir el universo en las tripas y la alegría untada en los ojos.  Mi casa siempre ha sido una cueva con temperaturas erráticas, hay veces que pienso que mi ceguera es la evolución de mi cuerpo al ambiente. Pero a pesar de todo lo oscuro y lo fría o calurosa que sea mi casa, cada ciertas mañanas se cuelan esas luces, se estampan con la pared y se graban a mis recuerdos. Una pequeña filtración hace eco en las paredes y me llama a observarla unos segundos antes de morir y difuminarse entre la luz blanca y mañanera.  Las luces color de ámbar son para mi un regalo, una dosis de lo que ...

Carta No. *

"Si el hombre no acierta a explicarse por qué debe vivir, preferiría morir a continuar esta existencia sin objeto conocido." -Fíodor Dostoievski.  La verdad es que no soy nada, no soy nadie. Me siento inerte y vacía; el mañana no es para mi sino promesa, lo demás ya no importa. Las tareas del día a día no son más que eso. ¿Qué me pasa que no soy nada y no quiero serlo, si ser alguien me asusta? Entre el acierto y la arrogancia me escondo. Soy sólo una colección de palabras al azar en el momento incorrecto, soy una broma para mí misma. No soy nada. Me encuentro en todos lados pero no pertenezco a ninguno; ni al libro ni a la historia que cuenta, ya no soy la musica que escucho ni mis logros, ni mis actos. No soy mi escuela ni mi promedio. No soy lo que hago. Estoy vacía y desconectada. Lo segundo es deplorable, lo primero es devastador. De nuevo no soy nada y no hay caminos para llegar a ser. Hasta he olv...

No hay ovejas mestizas.

Desde hace dos años y medio, me he envuelto en una sábana de invisibilidad de la vida diaria, de la confianza y de la auto-imagen que tenía de mi. En realidad intento recordar el intervalo de tiempo en que sucedió y averiguar qué causó la transición de eso a esto que ya no quiero ser. Tengo una idea muy fuerte, sobre respetar lo que piensa la gente ya sea bueno, malo, radical o sistemático, puesto qué cada quién decide como dirigir su vida y eso de verse limitado o juzgado por la crítica simplemente entorpece la generación de ideas propias. Aunque esto parezca ilógico, con contradicciones al bienestar social, o hacia el mismo crecimiento del entorno y del pensamiento, me parece lo correcto y es algo que no quiero dejar ir.  Sin embargo, a pesar de tener estas ideas, mi problema recae en una simple palabra: tolerancia. Me parece absurda la prepotencia, tanto como puede parecerle a algunas personas la reserva de la opinión. Simplemente la detesto, ...

La eternidad muere contigo.

La eternidad aterra y tienta a todos, se le antoja a las almas completas, a aquellas que se han vuelto una. No hay eternidad para quienes no han logrado resolver el rompecabezas del amor o para quienes lo resolvieron y les arrebataron una pieza. La eternidad asusta porque no se conoce, sepa dios cuando termina y sepa el inmortal cuando va conocer a dios. También tiene dos causas intrínsecas: ser premio y ser castigo. Por una parte, vemos a los desdichados; aquellos a quienes se les ha sido conferida la vida sobre la vida, a cambio de un tormento insostenible. No pueden amar con la misma longevidad de sus vidas, viven para penar y amar en el recuerdo de la vida lo que les da muerte sensible pero no corpórea. Del otro lado del espejo —que sí refleja lo tupido del alma por el amor— están aquellos bienaventurados que viven la vida eterna como solía ser la vida mortal, que por cierto, ¿que no es vida sinónimo de mortal y automática contradicción de eterno?  La eternidad entonces ...

Nubes.

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Para mí, el día de hoy no tiene sentido. La gente pasa y cambia dinero, no se lleva nada. Hay niños que quieren dulces y en su panza hay un poco de nada. La tarde está tan gris que da igual mirar hacia arriba o hacia abajo. Yo piso fijo, constante y no me agarro de nada, doy volteretas al rededor de un charco, brincando con esperanzas de hundirme en un pequeño lago.  Cuando ya no queda nada, rasco la tierra; que por cierto es muy suave. La saco y la tiro, escapa agua de todos lados. Entro a la cueva que he construido, de pronto veo la luz y nada más. Regreso de la cueva, caigo y me doy cuenta que el piso de antes era más suave que este que he construido. 

La semana de la incertidumbre.

El sábado estaba en la duda, ¿al aventarme al precipicio se me iban a romper primero las piernas o la cabeza? Como todo ser racional y científico, antes de lanzarme y evaluar las posibilidades de forma empírica, me puse a pensar como maldita enferma, creando cálculos inaginarios y finales casi absurdos. En uno de ellos me encontraba con una rama que me sostenia y me arrastraba a una cueva para no salir nunca más, de alguna manera me volvía insuficiente y mi falta de visión, que algún día me condeno, fueron la raíz que me mantuvo viva en un lugar en donde ni siquiera me acompañaba mi sombra, sin embargo estaba consciente de que eso no pasaría en una de un billón de posibilidades.  Ya no quedó de otra más que aventarme, sabiendo que lo único que podía perder era la vida y ni siquiera sabía el motivo para tambalear en la orilla. El momento llegó, ahí estaba yo con el miedo de todos los siglos acumulado, explotando como mil soles, corriendo de un lado a otro cual péndulo, hasta que...

Exceso de pensares.

Hoy es uno de esos días en los que no piensas mucho y haces las cosas. Llevaba ya mucho tiempo y otros blogs muy pensados y nada empezados, pasa que pienso mucho las cosas, y luego se quiebran y se aletargan hasta el punto en que se hacen o no se hacen. Una vez me dijeron que pensaba mucho las cosas, y vamos es cosa que yo misma he pensado, pero al mismo tiempo lo pienso mucho que no hago nada.  Tengo miedo de quedarme en reflexiones eternas, sin sentido sin un fin. Miedo de andar preguntándome cosas que no son preguntas, de hacer cosas que no quiero, que quiero y que no hago. Y todo esto no es más que una derivada de lo primero, un montón de preguntas, de razones del por qué si o por qué no de hacer algo que quiero: como este blog.