Celosa por los gatos.
En memoria de Stalingato. Septiembre 26, 2014. Mi gato ya no me quiere y yo me siento como desahuciada. El señor peludo un día decidió que la casa no era suficiente para él, pero yo no sabía por qué. Estuvo en todos lados: en los estantes, en los escritorios, en las sillas, en el baño, en los cajones, en las cajas, debajo de las camas, arriba de los muebles más altos, de las puertas. El señor gato conquistó toda la casa, y un día de repente salió a la calle. Como si sus abundantes pelos no fueran suficiente cobija, se fue a asolear, iba y venía muy campante, sin preocupaciones, sin que pensará en lo que yo estaría pensando. Se iba y se acurrucaba en las casas de los vecinos, eso a mi me ponía muy celosa. A veces llegaba ya muy noche y me rasguñaba la puerta para que le abriera y yo, sin pensarlo, lo dejaba entrar. Todavía no se los cuento, pero él llego como encargo de unas cuantas semanas y se convirtió en la adoración de la familia. Pasaron los días sin...