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Carta No. *

"Si el hombre no acierta a explicarse por qué debe vivir, preferiría morir a continuar esta existencia sin objeto conocido." -Fíodor Dostoievski.  La verdad es que no soy nada, no soy nadie. Me siento inerte y vacía; el mañana no es para mi sino promesa, lo demás ya no importa. Las tareas del día a día no son más que eso. ¿Qué me pasa que no soy nada y no quiero serlo, si ser alguien me asusta? Entre el acierto y la arrogancia me escondo. Soy sólo una colección de palabras al azar en el momento incorrecto, soy una broma para mí misma. No soy nada. Me encuentro en todos lados pero no pertenezco a ninguno; ni al libro ni a la historia que cuenta, ya no soy la musica que escucho ni mis logros, ni mis actos. No soy mi escuela ni mi promedio. No soy lo que hago. Estoy vacía y desconectada. Lo segundo es deplorable, lo primero es devastador. De nuevo no soy nada y no hay caminos para llegar a ser. Hasta he olv...

Te despido sabiendo que te vas.

No puedo negarte, linda, que aquella noche que me confesaste tus ideas suicidas solté a una lágrima que quería ser fugitiva. No sé si estás loca por querer morirte o yo soy una demente por creer que puedo aguantar ser la ultima rama de este árbol ya caído. La muerte comenzó a asustarme desde que se llevó a la abuela. Yo andaba por la vida muy tranquila pensando que sólo eso era, vida y nada más por siempre. La eternidad en que se sumerge uno gracias al instante. Qué engaño... qué tragedia cuando uno sufre la muerte. La muerte de la abuela me hizo sufrir como ninguna, y tú y tus confesiones de medianoche me ponen a sufrir en adelantado, como si quieras que te sufriera antes y no cuando ya te fuiste, no creo que te funcione. Hablas tranquila, dices que lo harás pero no dices cuando. Me hablas del futuro, de vivir juntas y después te quejas diciéndome que llegar a los 25 seria horrible, seria cansado. ¿Entonces cuándo estaremos juntas? A penas eres una niña, tienes 17 y ya haces p...

FXS: El triunfo del fracaso

Mi casa y mi mente están desordenados, pero para mí todo está en perfecta armonía. Me siento abrumada con los planes, con el futuro, el objetivo de la vida. Todo explota cuando quieren ir coordinados, buscan chanclas todo lo planean. Me cortan como a la leche. Tratar de cumplir las expectativas de todas las vidas que vivo paralelamente me costó un ancla en los ojos, me dejó varada en la cama hasta las dos de la tarde. El recuerdo de los planes me salvó del naufragio. Normalmente todo lo que es mío lo mantengo cerca. Mis lentes: que me dejan ver todo lo que me rehúso a percibir; mi cargador que se pega a mis sábanas para darme un toqué de energía que no más no me alcanza. Pero esta vez mi celular, mi compañero en el insomnio, mi salvavidas; se escurrió por alguna parte que no logro saber cuál fue. Me abandonó en el insomnio y me arrastró al punto en que debía excavar para enterrar mi credibilidad. Me caracterizo por ser impuntual y por perder las cosas, esta vez no fue un...
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El paso de vida.

Individuos perecen a manos de la soledad intocable. La muerte les sucede a ellos pero no a su entorno. El  señor que le hacía la peluquería a mis mascotas vivía sin compañía humana, pero le rodeaban al menos cinco perros. Yo sólo fui consciente de su existencia cuando lo necesité y alguien lo recomendó. Cuando  pasaba por su casa sabia que ahí vivía el señor de los perros y automáticamente me cuestionaba qué día llevaría a los míos para un cambio de imagen. Su vida era algo seguro en el camino que andaba diariamente. El hecho de no pensar en la próxima visita no era sinónimo de declarar su muerte. Uno siempre está seguro de la vida de alguien. Cuando un ser querido toma la siesta y lo vemos al día siguiente recostado, le creemos vivo incluso sin acercarnos, sin confirmarlo. Es por eso que la muerte durante el sueño puede aumentar la vida del sujeto en el ojo de quien le mira. Hace  tres semanas mientras calentaba las tortillas, recibí el aviso de su muerte. Entonces...

El colapso.

Pérdida de la conciencia en la vida inconsciente llevada por un cuerpo con vida. Subo a la bicicleta, hago del trayecto un monologo obligado. Bajo, cruzo la calle y ahí en la única esquina con luz levanto la mano, y el transporte que me lleva siempre al mismo destino pero que nunca es el mismo, me hace la parada. Antes de subir, siempre espero que el lugar en el que iré sentada sea bueno y por mi mente siempre pasan pensamientos siniestros que al momento de ser concebidos deseo desechar.  Al llegar al primer destino, el trayecto que hay entre él y la entrada al nuevo el tiempo se vuelve infinito y cada paso pesa más en el costal del cansancio que cargo día a dia. El metro, el autobús, la escuela misma se vuelven estaciones de paso obligatorias donde suben personas valiosas, pero que transbordan a otra linea.  Hay 21 estaciones de un camino a otro, y son tres líneas las que he terminado de recorrer sin rechistar y que parecen no llevarme más cerca del destino, del objeti...

Tinta.

Cuando me prohíbo la tinta, me viene la resaca de mi vida, de mi cuerpo. Mi cuerpo que se siente más pesado cada día que me rehuso a ella, cuando creo no merecerla.  Han pasado ya tantos días, yo diría ya años, desde que me separé de ellas; que mis manos se han vuelto el verdugo de mi existencia.  Y mi pie y una de mis manos se rehúsan, me dejan tirada en la cama o en el camino. Intento salvarme con la mano que me queda pero no responde, no sabe a quién hacerle caso. En mi viven dos: un demonio y una persona.  Quisiera ser el demonio para sacar de un susto al inútil que me traba. Para desafiar al que me dice que no soy más que él. Para tener un nombre y que necesiten saberlo para sacarme a flote en una conversación. Quisiera ser demonio para poseer mi cuerpo, y llevarme por el camino de la tinta.