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Mostrando las entradas de diciembre, 2014

Nubes.

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Para mí, el día de hoy no tiene sentido. La gente pasa y cambia dinero, no se lleva nada. Hay niños que quieren dulces y en su panza hay un poco de nada. La tarde está tan gris que da igual mirar hacia arriba o hacia abajo. Yo piso fijo, constante y no me agarro de nada, doy volteretas al rededor de un charco, brincando con esperanzas de hundirme en un pequeño lago.  Cuando ya no queda nada, rasco la tierra; que por cierto es muy suave. La saco y la tiro, escapa agua de todos lados. Entro a la cueva que he construido, de pronto veo la luz y nada más. Regreso de la cueva, caigo y me doy cuenta que el piso de antes era más suave que este que he construido. 

La semana de la incertidumbre.

El sábado estaba en la duda, ¿al aventarme al precipicio se me iban a romper primero las piernas o la cabeza? Como todo ser racional y científico, antes de lanzarme y evaluar las posibilidades de forma empírica, me puse a pensar como maldita enferma, creando cálculos inaginarios y finales casi absurdos. En uno de ellos me encontraba con una rama que me sostenia y me arrastraba a una cueva para no salir nunca más, de alguna manera me volvía insuficiente y mi falta de visión, que algún día me condeno, fueron la raíz que me mantuvo viva en un lugar en donde ni siquiera me acompañaba mi sombra, sin embargo estaba consciente de que eso no pasaría en una de un billón de posibilidades.  Ya no quedó de otra más que aventarme, sabiendo que lo único que podía perder era la vida y ni siquiera sabía el motivo para tambalear en la orilla. El momento llegó, ahí estaba yo con el miedo de todos los siglos acumulado, explotando como mil soles, corriendo de un lado a otro cual péndulo, hasta que...